Luminosidades

A 20 años de "Buenas"

por Edgardo Pérez Castillo

“Vayas a donde vayas, la lluvia te va a alcanzar. Tenés que hacerte amigo de esta tormenta”.

Primera frase. Primer disco. Así decidió retratarse Cielo Razzo con Buenas. Cargaban más de siete años y la existencia de los veintitantos. En un país que se desangraba, eternizaron de frente el saludo cordial y escondieron el arma en contratapa: la violencia latía, lista para estallar. Supieron leerlo.

En Rosario, Cielo Razzo ya dejaba huella. Rock, punk, funk, candombe, tango, grunge. Mucho grunge. El cóctel era amplio, aunque desde el faro sacralizador de la Capital, la lectura fue otra vez simplista: si en los ochenta la reducción derivó en Trova, en ese 2001 a los Cielo los encajaron en el esquemático abecé del rock chabón. Como siempre, y otra vez, la porteñada erró el tiro y la etiquetada.

Sí: como todo disco debut, Buenas es un compendio histórico de influencias, secuencias, vivencias y anhelos. Como en toda ópera prima, el arco temporal es amplio: desde los orígenes en el primer quinquenio menemista hasta los estertores de la Alianza. Un recorrido histórico donde encajaron los de jeta embarrada, los viejos laburantes, la calle, el baile, el amor, la derrota.

Y, por supuesto, la música, mucho más rica que las simplificaciones de etiqueta. Porque, ¿qué hay de rock chabón en una banda que en su disco trazó la contemporaneidad de la música rosarina? ¿O acaso no están ahí Los Shocklenders, Hijos del Reyna, Los Sucesores, la ecléctica alegría de Los Vándalos y de El Regreso del Coelacanto, el rock pop de Degradé? El suceso casi inmediato, y el tiempo que todo lo ordena, evidenciaron el reconocimiento y la generosidad: cuando la masividad tocó a sus puertas, en cada show Cielo abrió los brazos a sus pares.

Al fin y al cabo, ¿cómo se escucha Buenas, a veinte años de su edición? Se escucha vigente, sincero, potente y, también, fiel a una época. Los tiempos han cambiado y serán, claro, necesarias ciertas relecturas. ¿Cómo sonarán hoy esas canciones, bajo el tamiz de los años, los pesares, bondades, fama y equivocaciones? ¿Cómo vibrará ese debut en manos de un grupo de músicos que respetó sus necesidades e instintos, esquivando clichés propios y ajenos? ¿Cómo se escucharán esas obras atravesadas por el éxito, los aciertos, el dolor y el espanto? ¿Cómo volver a Buenas después de haber modificado la vida propia y ajena? Deberá ser la música, una vez más, la que brinde respuestas.

Los números redondos invitan a mirar atrás. A veinte años de Buenas, Cielo Razzo podrá hacer sus propias lecturas. Lo cierto es que el suyo es un recorrido honesto, que respondió a las inquietudes de su tiempo. Con decisiones que se alejaron de la facilidad de la fórmula: la discografía de Cielo Razzo es un fiel reflejo de sus tormentas y paraísos. Pocas bandas pueden jactarse de ello.

Con todo ese universo, este sábado 18 de diciembre, en la Sala de las Artes de Rosario, Cielo Razzo vuelve a grabar Buenas. En vivo. Con el saber y peso de su historia. Y, seguramente, con su “Medley”, que así se despide: “Pueden decir que soy un soñador, pero no soy el único. Pueden decir que soy un perdedor, pero no soy el único. Soy el unicornio que se perdió”.

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